20 noviembre 2007

SAPA

La región de Sapa es la de los varones invisibles. Color, mercado, arrozales, caminos de piedra y barro, y rostros que invitan incansablemente a sonreír. Es como si los hogares fuesen construidos de buenas intenciones y de una riqueza inspirada en la maternidad, la leyenda y la frontera, pues no conocen otra.

Una noche en tren y te despiertas entre sus montañas amparadas por la niebla, haciéndote creer que tu estancia es un privilegio parecido a espiar el pasado por una mirilla. Luego te cuentan como la “plaza del amor” ya no alberga el encuentro de los pobladores que buscan pareja porque no deseen ser escaparate de turistas, y se hace inevitable la nostalgia y la culpabilidad. Pero es una cuenta atrás imparable. La belleza, que a nuestros ojos se convierte en hazaña, para ellos es un estado cotidiano.

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